Alejandro Magno y el helenismo (359-146 a. C.)
Marsella Cruz

Las constantes guerras entre Atenas y Esparta habían dejado devastado el campo y el comercio griegos. El sistema aristocrático y democrático generaron una verdadera descomposición social. A fines del siglo IV a. C. parecía venir una nueva invasión persa, pero de un pequeño estado llamado Macedonia, surgió una importante potencia con un poderoso ejército, el ejército de Filipo II.

Filipo, con sus innovadoras lanzas de hasta seis metros, atacó Grecia y conquistó las regiones del norte. Más tarde propuso la unión de Grecia bajo la tutela de Macedonia. Atenas y Tebas se opusieron pero Filipo las venció en Queronea. Cuando por fin Grecia estuvo unida y se aprestaba a enfrentarse a los persas Filipo fue asesinado en 336 a. C. Fue entonces cuando el gran Alejandro Magno le sucedió. Alejandro era un joven con una estricta educación militar, quien llevó a Macedonia a extender sus dominios por toda Persia, Siria, Egipto, Mesopotamia y la mitad de la India. Su imperio fue el más grande y opulento. En menos de 13 años había conseguido el mayor imperio del mundo antiguo.

Aristóteles había sido el preceptor de Alejandro e hizo que éste tuviera gran admiración por la cultura helénica.

Alejandro murió en Babilonia en el año 323, al parecer de paludismo, cuando aún no había cumplido los 33 años. A su muerte se desataron las luchas entre sus sucesores, los diádocos, pero la lucha por el poder entre ellos hizo que el imperio se dividiera en tres reinos: Egipto fue para Ptolomeo, Siria para Seleuco, y Macedonia para los descendientes de Antígono. Sin embargo la fusión de todas estas culturas dio paso a lo que se llamó cultura helenística, para diferenciarla de la cultura helena o griega. Egipto fue el reino más próspero, Alejandría, capital de Egipto fue el más grande centro comercial y cultural del Mediterráneo de esa época. Antioquía, capital de Siria, también fue de gran importancia mercantil, y de hecho rivalizó con Egipto. Macedonia, por el contrario, fue decayendo hasta quedar como una potencia de segundo orden.

La aristocracia predominó en todos estos reinos, y la polarización entre los ricos y los campesinos se hizo más profunda, sin embargo el movimiento comercial tuvo un progreso importante: se abrieron rutas comerciales marítimas hacia la India y el Mediterráneo medio, se levantaron puertos y faros y los sabios y artistas gozaron de la protección imperial.



 
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