Flora del desierto
Roberto Castro

Plantas y animales se han adaptado en formas diversas a las condiciones del desierto. Los pastos y malezas sobreviven en forma de semillas que permanecen latentes durante toda la sequía. Cuando llueve, estas semillas germinan y en un breve periodo florecen y producen nuevas semillas que se conservarán en estado latente hasta que nuevas precipitaciones les permitan germinar

Además de esta vegetación transitoria, existe en los desiertos otra perenne, de tipo xerófito, que ha desarrollado medios para almacenar agua, para buscar humedad bajo tierra o para reducir su necesidad de agua mediante recursos como el de sustituir las hojas por espinas.

Estas especies crecen muy despacio y logran así perdurar entre una y otra lluvia. Pertenecen a este grupo las plantas llamadas suculentas, que almacenan agua en las hojas, en los tallos o en raíces o bulbos subterráneos.

Las cactáceas son ejemplo de este tipo de plantas. La mayoría posee espinas para defenderse de animales sedientos y en su tallo, donde almacena agua, se advierten pliegues flexibles que permiten a la planta expanderse cuando acumula el agua y contraerse al irla consumiendo durante la sequía.

Casi todas las cactáceas tienen raíces superficiales y de gran longitud, que absorben centenares de litros de agua después de una precipitación y la almacenan en el tallo de la planta. Estas características las identifican como plantas aclimatadas a sitios secos y desérticos donde para sobrevivir necesitan aprovechar la escasa cantidad de agua que de cuando en cuando tienen a su alcance. Sus flores son grandes, por lo regular solitarias y de vivos colores como puede decirse que en general son las más bellas del reino vegetal.

Son muy variadas y pueden contarse hasta 1 500 especies, casi todas americanas; en México son comunes los peyotes que contienen principios narcóticos.

Otras especies son Echinocactus grusonii y Echinocactus palmeri, de forma globosa con numerosas espinas y flores amarillas que se desarrollan en el extremo superior. Los pocos árboles que crecen en los lugares menos secos, como el mezquite y la acacia, desarrollan enormes raíces que penetran varios metros bajo tierra para absorber la humedad del suelo.



 
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