Hebreos-Desarrollo Histórico.
Iván López.

Las raíces del pueblo hebreo se encuentran en las antiguas tribus de origen semita que guiados por el patriarca Abraham, llegaron a Palestina. Se organizaron en familias patriarcales que comerciaban con los pueblos vecinos. Utilizaron la moneda de bronce para sus intercambios comerciales, y lograron una economía fuerte.

El patriarca Jacob, nieto de Abraham, convocó a su pueblo para guiarlo a Egipto en el año 1700 a. C., pero los hebreos recibieron un trato de esclavos en el Imperio Egipcio por lo que alrededor del año 1200 a. C. emprendieron, de la mano de Moisés, el retorno a Palestina, hecho que se conoce como el Éxodo. Según la tradición hebrea, durante este gran viaje, en el monte del Sinaí, Moisés recibió de manos de Jehová las tablas de la ley judía conocidas como el Decálogo que consiste en 10 reglas que regularon las costumbres del pueblo hebreo.

Al llegar a Palestina, los hebreos encontraron a los cananeos establecidos en la región, por lo que tuvieron que luchar, logrando la victoria al mando del patriarca Josué, quien repartió el territorio palestino entre las doce tribus; quedando la distribución final de la siguiente manera:

Rubén, Gad y media tribu de Manasés, al oriente del río Jordán.
Izacar, Aser, Zabulón y Neftalí se establecieron en la parte norte conocida como Galilea.
Para la otra mitad de Manasés y Efraim se les destinó la parte central de Palestina.
Finalmente, a Judá, Simeón, Benjamín y Dan se establecieron en la parte sur, conocida como Judea.
En un principio, las tribus estuvieron de acuerdo con la distribución, pero a la muerte de Josué se desató la lucha al interior de las tribus, hecho que las debilitó y sucumbieron ante la invasión de los filisteos. Con la pérdida de la soberanía a causa de la supremacía filistea, los hebreos se vieron en la necesidad de cambiar su forma de gobierno patriarcal, reconociendo a los jueces, que eran una especie de líderes guerreros que lograron la independencia hebrea. Dicha independencia sólo pudo ser lograda mediante la unión de las doce tribus. Algunos de los principales jueces fueron: Gedeón, Jefte, Sansón y Samuel.
Este último juez logró la centralización del poder político de los hebreos, consiguiendo establecer un estado fuerte, cuya capital fue Israel. A la muerte de Samuel se consagró a Saúl como el primer rey de Palestina, pero no fue hasta el reinado de David que el pueblo hebreo lograría un gran esplendor que continuaría durante el periodo de Salomón, quien construyó el templo de Jerusalén, dedicado Jehová.

El auge del imperio terminó cuando Roboam, hijo del rey Salomón, no pudo evitar la división del reino. Diez tribus se establecieron en el norte y formaron el reino de Israel con capital en Samaria; mientras que las otras dos tribus formaron el reino de Judá con capital en Jerusalén.

Durante esta época de constante zozobra y crisis, surgió una serie de personajes llamados profetas, los cuales se dedicaron a la tarea de mantener la unidad del pueblo hebreo mediante la constante prédica de los dogmas de la religión judaica. Los profetas principales fueron: Elías, Amos, Isaías, Jeremías, Ezequiel y Daniel.

La división provocó serias disputas territoriales, que poco a poco fueron debilitando al reino hebreo, que finalmente sucumbió ante las invasiones: Israel ante los asirios y Judá ante los babilonios comandados por el rey Nabucodonosor. Después de estas guerras, el pueblo hebreo no volvería a recuperar su soberanía durante todo el resto de la historia antigua.




 
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