Organización económica del imperio romano de oriente
Iván López.

Gracias a su privilegiada ubicación geográfica, el Imperio Bizantino se convirtió en un centro económico de cardinal importancia para su época, pues en él coincidían tres rutas comerciales muy importantes: La china, la europea y la africana.

Su economía interna estuvo casi siempre determinada por la agricultura, a la que se dedicaba cerca del 90% de la población. Durante el auge de la era justiniana, los campesinos eran dueños de tierras, y los pequeños propietarios abundaban. Pero con las constantes crisis económicas, los impuestos se alzaron al extremo, provocando el surgimiento de enormes latifundios, en los que los campesinos se convirtieron en colonos al servicio de un terrateniente.

Con la desaparición de las parcelas libres, la agricultura sufrió una fuerte falta de productividad, lo que ocasionó que el Imperio perdiera su calidad de autosuficiente y tuviera que importar productos para su sustento.

Gracias a la constante entrada de mercancías a los puertos del Imperio, el estado fue capaz de captar numerosos recursos con los que mantenía un ejército fuerte y una burocracia sumamente desarrollada que controlaba los aspectos importantes de la economía, como eran la recaudación de impuestos, las cuotas aduanales, las herencias, los derechos portuarios y los monopolios comerciales.




 
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