El primer período de gobierno de Porfirio Díaz (1876-1880)
Verónica Pérez Nieves

Cuando Porfirio Díaz comenzó a gobernar no tenía la experiencia necesaria ni tampoco contaba con una preparación profesional como la de Juárez o Lerdo de Tejada, pues apenas había cursado la educación primaria. Por si esto fuera poco, los políticos más experimentados no estaban de acuerdo con él porque eran seguidores de Lerdo de Tejada y de otros liberales destacados.

Por estas razones casi todos pensaban que Porfirio Díaz no podría ser un buen presidente, aunque él estaba seguro de lo contrario.

Creía que era posible resolver los problemas en México si había paz aunque ésta tuviera que lograrse por la fuerza. Y así lo hizo. Para llevar a la práctica su lema de “orden y progreso” se apoyó en la policía y el ejército para acallar cualquier protesta que pusiera en peligro sus planes; además, cambió las leyes de acuerdo con sus intereses.

Poco tiempo después de iniciado el primer período de su gobierno, Díaz cambió el artículo 78 de la Constitución Mexicana para que dijera esto: “El Presidente entrará a ejercer su encargo el 1.° de diciembre y durará en él cuatro años, no pudiendo ser reelecto nuevamente hasta que haya pasado igual período, después de haber cesado sus funciones”. Aunque al principio había dicho que no estaba de acuerdo con la reelección presidencial, era claro que no tenía la intención de dejar el poder.

Para poder gobernar Porfirio Díaz formó su gabinete con algunos políticos destacados, aunque en su mayoría no tenía experiencia en la administración. Muy pronto empezaron a luchar entre sí para aumentar su poder e incluso intervinieron en las elecciones de diputados, senadores y gobernadores para eliminar a todos los que no estuvieran de acuerdo con ellos y con el presidente.

Desde un principio el gobierno de Díaz enfrentó serios problemas. Por ejemplo, Estados Unidos se negó a reconocerlo como Presidente de México en tanto no se comprometiera a pagar las deudas que nuestro país tenía con ellos. De inmediato fue enviado el Ministro de Relaciones Exteriores, Ignacio L. Vallarta, quien logró acuerdos importantes y se apresuró a hacer los pagos pendientes. Las relaciones entre los dos países mejoraron y esto facilitó que empresarios norteamericanos comenzaran a invertir su dinero en México.

Sin embargo, el problema principal era que la economía del país estaba en crisis y era necesario tomar medidas urgentes.

La mayor parte de las tierras de cultivo estaban abandonadas; las pocas industrias existentes no producían porque no había materias primas; las minas no eran explotadas por falta de equipo y el país se encontraba prácticamente incomunicado debido a que no existían caminos terrestres seguros y confiables.

Por si esto fuera poco, el gobierno no tenía dinero para iniciar la recuperación del país y no podía pedir préstamos al extranjero porque no había pagado sus deudas puntualmente.

Pero algo tenía que hacerse y cuanto antes mejor. Así, se pidió a Matías Romero que se encargara de la Secretaría de Hacienda y que intentara equilibrar los gastos del gobierno con los escasos ingresos que obtenía a través del cobro de impuestos. Aunque no logró su propósito del todo, sus ideas fueron muy valiosas para sus sucesores.

Además, se encomendó a Vicente Riva Palacio, Secretario de Fomento, que hiciera todo lo posible para mejorar la economía nacional. Él favoreció la construcción de vías de ferrocarril para comunicar a la Ciudad de México con los estados cercanos, lo cual ayudó a aumentar el intercambio comercial.

En 1879 Porfirio Díaz consiguió la autorización del Congreso para que la Empresa Constructora Nacional y la del Ferrocarril de Sonora tendieran las vías de ferrocarril que unirían a la capital del país con Ciudad Juárez y otras importantes ciudades del centro, occidente y norte de la República Mexicana. Aunque este permiso se logró sólo un mes ante de que terminara el primer mandato de Díaz, su sucesor, Manuel González, continuaría con esta importante empresa.

A medida que las vías férreas crecían, aumentaban el comercio y el desarrollo industrial. Los capitalistas mexicanos y extranjeros se convencieron de las ventajas de invertir en México.

La economía del país comenzaba a mejorar, pero el primer período de gobierno de Porfirio Díaz estaba a punto de finalizar. Él planeaba reelegirse y por eso tiempo atrás había modificado la Constitución.

Sin embargo, su reelección no podía ser inmediata. Cuando terminara su primer período de gobierno tendría que elegirse a otro Presidente de México y sólo entonces Díaz podría volver a dirigir al país.
Para asegurarse de que esto sucedería así, escogió y apoyó a Manuel González, quien bajo su dirección gobernó nuestro país de 1880 a 1884, comprometiéndose a dejarle el poder al término de su mandato.

Manuel González no logró resolver los problemas económicos del país pues no hubo una buena administración. Durante su gobierno se crearon bancos, se aumentaron los impuestos y se trajeron inmigrantes europeos para tratar de que ellos mejoraran la producción en el campo. A pesar de todo, la economía no prosperaba.

Fue entonces cuando el gobierno de Manuel González favoreció la ampliación de las vías ferroviarias. Se dio permiso a compañías extranjeras para que tendieran las vías de ferrocarril que unirían a la Ciudad de México y a los principales centros productores del país con la frontera con Estados Unidos. Esta medida favoreció el comercio y el desarrollo industrial del país.

En 1884 se realizaron las nuevas elecciones presidenciales y, como los mexicanos pensaban que Manuel González había sido un mal presidente, permitieron que Porfirio Díaz se reeligiera a pesar de que sabían que todo había sido preparado por él.



 
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