Higiene del sentido del olfato
Roberto Castro

Las principales recomendaciones higiénicas para proteger las ramificaciones nerviosas olfatorias pueden resumirse en una sola: limpieza del órgano nasal.

Las enfermedades más corrientes que afectan el olfato son las que provocan la inflamación de las mucosas, lo cual aumenta la producción de moco, que llega a recubrir los cilios, a la vez que engruesa los cornetes e impide que los odorivectores lleguen a la zona sensible.

Otras lesiones pueden ser trastornos de origen cerebral que afecten la zona receptora.

Las infecciones de las fosas nasales irritan la mucosa pituitaria; los catarros, por ejemplo, afectan mucho la función olfatoria. Una infección aguda puede ocasionar anosmia transitoria, o sea pérdida de la sensibilidad olfativa, padecimiento que desaparece al ceder la inflamación.

Las infecciones bucofaríngeas pueden extenderse a las fosas nasales y causar trastornos más o menos graves que ameritan tratamiento médico. Es importante mencionar también que los traumatismos pueden ocasionar fracturas de los huesos nasales, así como hemorragias que repercuten, necesariamente, en la agudeza del sentido olfatorio.

También es preciso proteger la nariz del ambiente polvoso o de sustancias irritantes con un pañuelo limpio. No se deben introducir objetos por la nariz.

En caso de que los bronquios o pulmones enfermen, es importante atender las indicaciones médicas.



 
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