Separación de Texas
Verónica Pérez Nieves

Años atrás, en 1821, el gobierno de México había autorizado al norteamericano Austin a colonizar una parte de Texas con 300 familias. En muy poco tiempo la población norteamericana era ya superior a la mexicana pues había ya 20 mil extranjeros y mil esclavos negros. Su idioma, costumbres y religión eran diferentes a las nuestras y deseaban vivir libres de los impuestos y la vigilancia del gobierno mexicano.
La situación empeoró al aprobarse una serie de leyes centralistas que no beneficiaban a los estados, en este caso a Texas, así que luego de algunos levantamientos en armas, en 1833 Texas logró convertirse en un estado independiente de Coahuila.
Poco después se declararon completamente independientes de la República Mexicana.
El presidente Santa Anna marchó a Texas, logró varias victorias pero finalmente fue derrotado mientras dormía y tuvo que firmar los Tratados de Velasco en los que se aceptaba suspender la guerra y reconocer la independencia de Texas siempre y cuando permaneciera como un país libre y no se incorporara a otro.

En el futuro, los rebeldes texanos intentaron invadir varias veces los territorios de Nuevo México y, ante esta situación, el gobierno de nuestro país manifestó su deseo de reconquistar el territorio perdido.
Este hecho precipitó la intervención de Estados Unidos que deseaba a toda costa la anexión de Texas, pues no sólo era un rico y fértil lugar, sino que facilitaba el comercio internacional a través del océano Atlántico.
El Congreso Norteamericano aprobó la incorporación de Texas a Estados Unidos en 1845 bajo la presión de los esclavistas que deseaban extender sus tierras de cultivo en esa zona.
Por su parte, el gobierno de México manifestó que tal anexión era contraria a lo que se había pactado en los Tratados de Velasco y que sería considerada como una declaración de guerra.



 
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