Organización social de los aztecas
Arqueología Mexicana

Una vez establecidos, los mexicas se dedicaron a la agricultura, construyendo campos y huertos flotantes sobre el lago de Texcoco llamados chinampas. También desarrollaron las artes, la manufactura, el comercio y la guerra. Alrededor de la guerra y la religión giraba su vida cotidiana, adorando a una gran cantidad de dioses.

División social

La ciudad se dividió en calpullis o barrios, habitados por grupos de familias provenientes de un tronco común. Estos contaban con una divinidad protectora, un gobierno interno y tierra en común. Las familias que sembraban la tierra del calpulli no podían venderla ni rentarla, pero sí heredarla a sus hijos.

Los calpullis especializados para comerciantes y artesanos contaban con calles y canales que se comunicaban con todo el sistema lacustre mediante canoas. Eran cuatro: Atzacoalco, Teopan, Moyotlan y Cuepopan. Estas colectividades de trabajadores producían la riqueza material de los antiguos reinos de México. El tributo que dichas comunidades pagaban sostenía a la nobleza.

La sociedad se dividía en dos clases sociales: los pipiltin (sacerdotes y militares) y los macehuales o gente del pueblo. Las diferencias entre ambos llegaron a ser profundas. El origen de la división estaba en el hecho de que los macehuales producían y tributaban, mientras que los pillis vivían del tributo y se dedicaban a las tareas de administración y liderazgo; pero a tal diferencia económica se agregaron connotaciones jerárquicas y distinciones jurídicas.

Los pillis vestían con ropa de algodón, usaban mantos largos, se arreglaban con orejeras, bezotes y collares de piedras preciosas; en sus casas se conocía el lujo de los almohadones de plumas y los equipales, y se contaba con la asistencia de numerosos sirvientes. Las fachadas de las casas nobles estaban coronadas con almenas que hacían referencia al rango de los residentes. Los nobles eran juzgados por tribunales especiales.

Los macehuales tenían estrictamente prohibido usar ropas de algodón y mantos largos; debían vestir con lienzos tejidos de hilo de lechuguilla y otras fibras ásperas. No se les permitía engalanarse con pedrería, aunque pudieran comprarla. También tenían prohibido colocar almenas en los muros de sus viviendas.

Místicos y valientes

Detrás de los vistosos tocados y de los ricos adornos propios de la nobleza, había algunos hombres que vivían con privaciones y con dolor. Los sacerdotes seguían disciplinas muy estrictas: interrumpían su sueño continuamente, realizaban ayunos, se abstenían de relaciones sexuales y se inflingían daño en forma cotidiana dentro de sus rutinas de autosacrificio. Además hacían vida comunitaria en los monasterios.

Por su parte, los guerreros de los cuerpos especiales, los valientes, vivían arriesgando la vida continuamente; solteros y acuartelados, danzaban y componían cantos en espera de su próxima cita con la muerte. Ambos, sacerdotes y guerreros especiales, formaban parte del grupo pilli; vivían del excedente tributado por los comuneros, pero su vida estaba lejos de la comodidad y los lujos palaciegos.

El último emperador mexica que reinó durante dieciocho años fue Moctezuma Xocoyotzin. Durante su reinado, el imperio mexica alcanzó su mayor explendor y poder.

Viajeros

Los mercaderes son difíciles de ubicar en el esquema de la estratificación social. Los pochtecah, los nahual-oztomeca, los acxotecah, eran pueblos itinerantes especializados en el intercambio.

En el interior de cada uno de estos grupos había una distinción entre los caciques y la gente común: el mercader común era un trabajador esforzado que pasaba la vida en las arduas travesías; el cacique mercader acumulaba cierta riqueza, pero ésta era efímera: caciques y pueblo la consumían en las aparatosas, interminables fiestas de que tanto gustaban estos fenicios del Nuevo Mundo.

Los grupos de mercaderes, en su conjunto, entregaban tributo al monarca de la ciudad que consideraban su centro de operaciones, para pagar la protección militar y el acceso a la plaza del mercado.

Marginados

En las bulliciosas ciudades del Valle de México hubo bastantes hombres y mujeres desprovistos de vínculos comunitarios, situados, por tanto, en una condición marginal.

Los muchachos que escapaban de la casa paterna, los antisociales expulsados de sus barrios, los delincuentes fugitivos que cambiaban de ciudad para ocultarse, se convertían en marginados y deambulaban por las ciudades ejerciendo sus nuevos oficios: cargadores, acróbatas, titiriteros, prostitutas, vagos mendicantes y, desde luego, ladrones callejeros y bandidos de caminos.



 
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